jueves, 1 de mayo de 2008

QUERIDA MAMA

El próximo domingo se celebra el “Día de la Madre”. Confieso que no me gusta nada etiquetar algunos días del año parecidos a este. La razón es muy sencilla. ¿Alguien puede negar que cada día del año sea el día de la madre? ¿No es cierto también que el día del padre, por ejemplo, es todos y cada uno de los días de todo el año?....y eso por no hablar del día de la mujer trabajadora, que en este caso nos llevaría a un razonamiento bastante extenso. De todos modos voy a aprovechar el tirón que me ofrece la celebración del domingo para lanzar un mensaje de esperanza; hay circunstancias que no podemos desaprovechar.
Hace unos días leí un artículo muy interesante escrito por el Dr. Alvaro Vazquez Prat, licenciado en medicina y cirugía. Su artículo me conmovió por la profundidad con la que el Dr. Vazquez es capaz de explicar con tanta ternura el milagro de la vida. Creo que vale la pena leerlo despacio.


QUERIDA MAMA
Por el Dr Álvaro Vazquez Prat – licenciado en medicina y cirugía

El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define la comunicación, como: “la transmisión de señales mediante un código común al emisor y al receptor”. Asimismo, define el lenguaje como: “manera de expresarse; conjunto de señales que dan a entender algo”.
A lo largo de una vida, comunicaciones, las hay, en tiempo y forma diferentes, gestuales, emocionales, escritas, orales, primeras y últimas. Quizá sea lo primero que se le enseña a un niño tras nacer, la forma de comunicarse, aunque éste, inicialmente, lo haga con un lenguaje muy particular: llorando, riendo, durmiendo. Poco a poco el variopinto conjunto de señales utilizado por el bebé dará paso al lenguaje de las palabras que, generalmente, hará más fluida y menos intuitiva tal comunicación.
Bien, pues partiendo de esta premisa comunicacional, que no da lugar a duda, y de tales definiciones académicamente aceptadas, abogo por defender con fervor, ahínco y pasión lo que fue la primera de nuestras comunicaciones, hoy interesadamente desprestigiada por aquellos que pretenden fines sombríos.
Me refiero a aquella que tuvo lugar entre nuestra madre y nosotros, en forma de embrión, camino de lo que sería nuestra primera cuna materna: el útero. El lenguaje utilizado entonces fue bioquímico, pero en cualquier caso lenguaje: “señales que dan a entender algo”, las cuales, probablemente transmitieran algo así:
“Querida Mamá, hola, soy yo, tu hijo, prepárate que voy de camino y necesito tu mejor disposición para que me acojas y protejas durante los próximos nueve meses, prepara mi cuna uterina que voy, ¡no me falles!”.
Y es que el útero materno se prepara concienzudamente para tal hecho y quien, inicialmente, le insta a ello es el embrión, el embrión preimplantado que lucha por su supervivencia.
Y digo que no son pocos los que hoy intentan desprestigiar esta comunicativa realidad con el fin de obtener el “visado” jurídico y social que abra las puertas a sus intereses científicos.
Si consiguieran convencer a la autoridad y a la sociedad de que no hay vida en los primeros estadios embrionarios, –en esos días previos a la implantación, tanto en embriones naturalmente fecundados como artificialmente obtenidos–, entonces, podrían manipular, destruir o seleccionar, obteniendo un lucrativo beneficio.
De ahí el obstinado empeño en querer ignorar esas primeras señales bioquímicas. Pero nunca, y digo NUNCA, una intención podrá eclipsar una realidad, porque nunca se podrá ocultar el rastro biológico de tal comunicación.
Así como NUNCA una madre debería poder olvidar cómo se desentendió del mensaje esperanzado que su hijo le transmitió desde el momento de su concepción, es decir desde el primer día de su vida; del mismo modo que NUNCA una madre olvidará esas primeras palabras bioquímicas que durante toda la vida la harán estremecer en recuerdo de aquella vida que escuchó, albergó, cobijó y cuidó hasta el final: “Querida Mamá”.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Antonieta. Gracias por recordarme que estuve durnte nueve meses en el vientre de mi madre, que ella se cuidó para cuidarme, que me esperó con la ilusión de ver nacer a su primer hijo. Pobre mamá.¡Cuántas veces le rebato sus argumentos y no me doy cuenta de que todo lo que me dice lo dice porque me quiere. Ella me quiso primero. Y si hoy soy capaz de querer un poco es porque ella me enseñó. Aunque no he sido buena alumna. Me da mil vueltas.
Precioso artículo.

Anónimo dijo...

Querida MAMA!!!
No me acuerdo de mis primeras horas!!!
Me acuedo de la Huella que has dejado y sigues dejando en mi.
Tu dia a dia, de mis 52 AÑOS, siguen marcando el rumbo de mi vida.
Siempre he pensado que Tu nunca hubieras permitido que no llegara a formar parte de tu vida.
Gracias por ser MI MAMA.
Os quiero.
A todos!!
TODOS!!!
coco

Antonia Macaya Fonts dijo...

Sunsi, yo también pienso que nuestra madre nos quiso primero. Es una suerte tener esa percepción y saber que eso es una certeza. Eres una incondicional de mi blog; gracias por tus comentarios.

A Coco le podría decir muchas cosas. Sé muy bien a qué huella se refiere. Me gusta imaginarla, porque se trata de una huella que ha marcado y guia el paso. Y esa mamá es la que siempre está, sin molestar, proponiendo, sugiriendo, sonriendo y amando sin condiciones.

Gracias mi querido anónimo Coco por tu aportación a mi blog.

Anónimo dijo...

Tònia:
"XXXXUUUUUUUUUAAAAAAAAAA....."""
coco

Anónimo dijo...

Querida Antonia, soy el Dr. Vázquez, autor de "Querida mamá" y que he visto ùblicado en su blog. Gracias por su difusión y por su amable y bondadosa crítica. A su disposición.
avazquez_p@hotmail.com

Alvaro Vázquez